A
entrar en la Alhambra es como trasladarse a la época de la Edad
Media porque nada más entrar te encuentras con un inmenso jardín
sin final aparente y unas torres que llegan a las nubes y el paisaje
parece seguir y seguir sin cesar y no acabar nunca. Las fuentes eran
bellísimas eran como una especie de conchas (parecido) que tenían
un cauce pequeñísimo que llegaba hasta una enorme piscina llena de
carpas muy graciosas. También había un terreno grandísimo con
setos en forma de estrella chucilísimas, rosas rojas en su interior
y desde un mirador que había allí podía yo ver toda la Alhambra
entera, era hermoso pues así me pareció a mí. Al llegar al Patio
de los Leones me sorprendió mucho al verlos pues me dijeron que
estaban destrozados y yo al verlos de lo limpio y blancos que estaban
me quedé impresionada. Los
Leones parecía que estaban en familia sujetando la hoya para
almorzar. Al salir de allí me dirigí hasta la ultima parada de mi
visita a la Alhambra una torre no muy alta pero se encontraba al
subir unas cuantas de escaleras que me parecieron pocas para la
altura a la que estaba y cuando empecé a subir y a subir a mitad de
las escaleras ya no podía más pues son para mí más escaleras de
lo que parece y al llegar arriba sentí una sensación de libertad
inexplicable todo era hermoso en aquel lugar desde allá arriba se
divisaba toda Granada entra desde Sierra Nevada hasta el Parque de
las Ciencias y además una catedral antiquísima que parecía un
castillo-mini personificado por la iglesia. Verdaderamente no me
arrepiento de haber ido a ese viaje y me encantaría ir de nuevo y
visitarlo más detenidamente y disfrutarlo aun más y que cuando
salga de allí quiera regresar una vez más.

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